Lo que no se nombra, no existe

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Opinión de Gustavo Adolfo Vázquez Martínez de El Colegio de la Frontera Norte

lunes 3 de marzo de 2025

¿Por qué es importante nombrar los espacios de la ciudad? Nombrar un lugar, una calle o una colonia es una forma de controlar, de ejercer poder. Desde los posicionamientos críticos de la geografía, el quehacer geográfico y la toponimia no suceden en territorios neutrales, es decir, están influenciados por los conocimientos, visión e intereses de quienes los crean, que reflejan pertenencia y propiedad. Nombrar las calles no solo facilita la orientación geográfica, además es reflejo de los procesos históricos, sociales y culturales que otorgan valor a ciertas figuras, personajes, objetos y acciones de la vida cotidiana de las ciudades, es crucial en la configuración de la identidad cultural de la ciudad, habla del contexto político actual, que será heredado a las futuras generaciones.

Recientemente han sucedido casos en la escena nacional e internacional que podemos tomar como ejemplo para indicar la forma de dominio territorial de quien nombra sobre quienes habitan. En la discusión internacional surgió el cambio de nombre del Golfo de México por Golfo de América, esta es una medida implementada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que no solo refleja un simple cambio de nombre, sino se puede interpretar como una estrategia geopolítica de control territorial y social de la región geográfica que está próxima con nuestro país, situación para nada nueva, sino que tiene raíces históricas.

Otro ejemplo de que los nombres sí importan y más cuando las personas se identifican con su lugar de vida, es el sucedido en el Estado de México, en la localidad El Paraje, el Gobierno municipal decidió que las prioridades de la colonia no son el asfaltado o la iluminación de sus calles, sino más bien el cambio de nombre de la colonia y sus calles para llamarse Cuarta Transformación, en honor al movimiento iniciado por el ex presidente López Obrador. El rebautizar la colonia llevó a inconformidades y conflictos por parte de los vecinos, al no ser consultados de esta medida, y ¡claro! dado que los argumentos llevaban a una simple adulación a las acciones y programas del anterior sexenio.

En Nuevo León, el nombre de las calles y avenidas están relacionadas con el pasado histórico, económico y de las características regionales. En el Área Metropolitana de Monterrey se encuentran calles como Fundidora o Industrial, que hacen referencia al pasado económico, o calles como Fleteros, que aunque su nombre oficial es Pablo González Garza, su identificación en el colectivo perdura de otra forma. También nombres de personajes como Ignacio Morones Prieto, médico y político nuevoleonés, hasta Eugenio Garza Sada, empresario de gran influencia en la conformación de la ciudad. Al leer al respecto y pensando que el nombrar los lugares representa poder, me cuestioné: ¿Cuántas calles con nombres de mujeres existen en la ciudad? y ¿quiénes están representadas? La búsqueda fue rápida y me encontré con muy pocas.

En un estudio realizado por Trama Mujeres, se destaca que de los 42 mil 139 registros de calles en la ciudad, solo el 1.9 por ciento lleva nombres de mujeres, mientras que el 27.3 por ciento está asociado a nombres masculinos. Del total de nombres de hombres, el 86 por ciento son nombres propios completos, esto solo refleja una cultura machista, y es que estamos hablando de un pasado nuevoleonés patriarcal y con profunda visión al crecimiento económico. La representación de las mujeres en la nomenclatura urbana es limitada y con una disparidad de género abrumante. Considerando únicamente las calles con nombres propios, el estudio indica que solo el 6.6 por ciento corresponde a mujeres y el 93.4 por ciento a hombres. La minúscula referencia a nombres femeninos está dedicado a santas, vírgenes, figuras mitológicas y nombres genéricos, lo que indica una menor representación de nombres propios de mujeres reales y contemporáneas que figuran o figuraron en los ámbitos social, cultural, político o económico de la región.

La escasa presencia de nombres femeninos en las calles de Monterrey es parte de una invisibilización histórica a la contribución de las mujeres en la esfera pública. Esto perpetúa los estereotipos de género y limita los modelos a seguir para las nuevas generaciones. Para corregir las inequidades y fomentar la representación más inclusiva, es importante involucrar a la comunidad a través de consultas públicas, para que las poblaciones destaquen figuras femeninas. Asimismo impulsar iniciativas que fortalezcan la identidad colectiva y promuevan una cultura de igualdad y respeto al reconocimiento de las mujeres en cualquier ámbito de la sociedad. Un ejemplo puede ser la inclusión de mujeres que estuvieron en los movimientos sociales, laborales, activismos comunitarios, precursoras políticas o empresarias. Nombrar las calles no debe ser solo un capricho, da poder y es un acto de justicia histórica, promueve la igualdad de género, inspira a la comunidad y enriquece el patrimonio cultural de la ciudad.

Este texto fue originalmente publicado en Milenio: https://www.milenio.com/opinion/varios-autores/corredor-fronterizo/lo-que-no-se-nombra-no-existe

Gustavo A. Vázquez Martínez
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Monterrey


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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